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El pensamiento de Flavián Mucci: “Jesús juega a su manera; y yo, a la mía”


Su rostro es el de un complejo de obras que abarca desde comedores hasta becas. Con una visión empresarial, el sacerdote Flavián Mucci hizo crecer hasta frecuencias de radio y canales de televisión bajo el nombre de Ágape.

  • Esta entrevista fue publicada originalmente el domingo 8 de agosto 2010 en la Revista Séptimo Sentido de Grupo Dutriz. 

Hijo de un inmigrante italiano y una mujer estadounidense, Dominic John Mucci nació en Boston hace 75 años (al momento de su muerte, Mucci tenía 86 años). Por aquel entonces, la albañilería de los italianos se pagaba bien. Y entre los albañiles que más ganaban estaba don Carmen Mucci, el papá del futuro sacerdote. Carmen era el encargado de la piedra angular y por eso recibía mejor salario que el resto. Era de los pocos que allá por la década de los treinta tenía carro. También jugaba al golf. Y así duró la bonanza hasta que enfermó del corazón, un padecimiento hereditario. 

Entonces Dominic John conoció la pobreza y de no ser por la asistencia de los amigos de su madre, doña Laura Gaglini, el ahora franciscano no habría podido continuar sus estudios colegiales. Hoy, aquella mujer que recibió $2 anuales para cuidar a cuatro hijos, tendría 100 años. “De ella aprendí la organización en el trabajo”, dice Mucci.

Se ordenó como sacerdote sin una razón coherente. Si se le pregunta hoy, no sabe cómo responder. Pero es lo que menos le importa con una obra social tan tupida como la suya. Muchos de sus proyectos surgieron así, tras una decisión repentina y cargada de una nada despreciable dosis de espontaneidad. Las sorpresas, sin embargo, también le han jugado en contra. Cuando ya llevaba unos meses en Centroamérica, a la que llegó en 1964, Mucci decidió volver, de visita, a Estados Unidos para el bautizo del bebé de su sobrina. En el aeropuerto tuvo que pasar consulta, el doctor le pidió que corriera sobre la banda sin fin y le dejó ir una noticia que lo dejó helado: “Usted es hombre muerto, tiene que ser operado ya”. Cinco arterias en su corazón estaban obstruidas, y desde entonces tiene cinco “by-pass” en ese órgano. Toda su familia está igual, todos sufren padecimientos cardíacos.

El padre Flavián Mucci falleció a causa del covid-19 el pasado 25 de septiembre

Mucci eligió venir a Centroamérica despreciando las otras dos opciones: una parroquia o un colegio. Escogió la pobreza. “Con los pobres me identifico mejor”, dirá este padre a quien, contradictoriamente, se le acostumbra a ver en fotografías con el “jet set” de El Salvador. Es a ellos a quienes les pide dinero para financiar 50 obras que tiene en todo el país, con las que emplea a 600 personas. “Es que ellos son los de la plata, y a ellos hay que pedirles.”

La megaobra que significa hoy el trabajo del fray Mucci comenzó tras un sentimiento de soledad, cuando, en la Navidad de 1977, 10 años después de que Mucci entrara al país, el franciscano fuera víctima de un impulso repentino. Buscó entre callejones y predios a vagabundos y desamparados y les ofreció un banquete. La comilona fue un éxito. Buscó más financistas y así nació Ágape el 4 de marzo de 1978. Ágape, viene del griego, y en español significa “amar sin condición”.

¿Por qué en su ordenación le cambiaron el nombre a Flavián?


 

Mi verdadero nombre es Dominic John. Cuando uno entra al seminario uno entrega todo. Yo no tengo nada, ni una taza a mi nombre. No tengo salario, no tengo cuenta en el banco, no tengo nada. No podemos, es mi tipo de vida. A uno le dan la oportunidad para que uno elija el nombre, y yo elegí Blaine. Creí que ese nombre iba a recibir. Después me explicaron que los franciscanos somos conocidos por nuestro nombre, y no por el apellido, como conocen a los demás sacerdotes. Entonces, en la ceremonia, uno entra con un sobre en las manos. Yo me arrodillé frente al padre y me dijo que me llamaría Flavián. Y ahí comencé a decirle que no, que seguramente había una confusión, que yo me llamaba Blaine. Monseñor solo me decía enérgico que aceptara. Yo era el segundo, así que vi el resto de nombres. Los que siguieron después de mi se llamaron Demetrio, y luego Diómedes, y luego Simeón, y ya así me sentí mejor yo porque imagínese llamarme Simeón… ¡A la puerca! 

¿Y por qué los ponían a elegir un nombre si al final terminaba siendo otro?

 

Según ellos, Blaine era de otra nacionalidad. Entonces Blaine y Mucci no combinaban bien, uno era italiano y otro de Inglaterra. Blaine Mucci no sale, me dijeron.

El Padre Flavián presentó su libro “Obrar sin desanso, amar sin condición” en julio de 2018. Foto LPG Archivo

¿En qué momento decidió convertirse en sacerdote?

 

Cuando terminé el bachillerato, ninguno de nosotros fue a la universidad. Yo averigüé que solo uno de cómo doscientos setenta y pico tomó un curso. En aquella época nadie iba a la universidad, todos éramos pobres. Hoy no es así, pero antes el asunto era trabajar. Yo conseguí un empleo en un supermercado y me acuerdo que mi madre me dijo que antes de comenzar que disfrutara mis días de vacación porque iban a ser los últimos de toda mi vida. Pues un día fui al colegio, andaba choteando, y una monja me llamó porque yo era acólito y mi mamá era bien conocida también. La monja me ofreció un trabajo pequeño para limpiar los vidrios de la iglesia, y comencé al día siguiente. Tenía una amiga que me preguntó si yo quería tomar algo, yo le dije que una gaseosa. No tengo ninguna idea de qué es lo que pasó, pero le dije, sin pensar, yo voy a ser sacerdote. 

El Dr. Cesar Augusto Calderón Rector de la Universidad Alberto Masferrer entregó el titulo de Dr. Honoris Causa al Padre Flavian Mucci Foto de LPG Archivo

¿Por qué dijo eso?

 

No sé, solo lo sentí. Ahora, eso me sucede muchas veces. Yo decido en un instante, y gracias a Dios, nunca me quemé. He tomado decisiones que me han afectado toda la vida, y esa fue una. Al principio creí que iba a hacer tres semanas y después salir. Pero dentro del seminario encontré el béisbol, y aquí estoy. Eso era todo lo que yo necesitaba. Yo quería ser beisbolista. Yo jugaba, y jugaba, y jugaba, hasta que terminé mis estudios a los 28. Pero es que en mi vida soy así, se me ocurre una idea, me meto y de ahí no hay salida.

¿Y así surgió Ágape? 

 

Así abrí Ágape. Por ejemplo, el edificio estaba construido pero no tenía dinero para mantenerlo. Tenía el hospital, aunque también estaba cerrado. Un día vine y dije que lo abrieran; me decían que no, que no teníamos pisto. Yo insistí hasta que lo abrieron. Dos meses después, me llamó una mujer que quería ver el hospital. Me dejó ¢100,000, eso fue en los años setenta. Entonces me fui a la casa de ancianos que también estaba cerrada. Tenía dinero para construir pero no para mantenerlo. Salí de mi casa, llegué a la puerta y ahí pedí que abrieran la casa de ancianos. También me pusieron peros, pero a las dos semanas vino un hombre, no sé quién era, y dejó ¢20,000. Lo hizo dos veces, y nunca pude mandar una carta porque nunca supe quién era. Después, el día de la Santísima Trinidad, me acuerdo que me levanté en la antigua iglesia y dije que iba a retar a Jesús. “Yo soy deportista, sé ganar y perder”, me dije yo. Hasta ese momento, yo había dado el primer paso y después Él ponía el dinero. Y así fue como decidí que comenzaría la iglesia, con ¢20,000 que no alcanzaban para mucho. Comenzaría el día siguiente, un lunes. Ese día yo estaba en la oficina y recibí la llamada de un abogado que me daba una buena y otra mala noticia. La mala era que había muerto la representada del abogado; ella había venido a visitarme dos veces. Y la buena es que ella me había dejado $310,000. Entonces, Jesús juega a su manera; y yo, a la mía.


¿Usted no es mucho de planes, entonces?

 

Aquí sí, por ejemplo, tenemos un plan para cinco años. Ya sabemos dónde vamos a estar. Mi gente es muy estricta. Pero tenemos ciertas cosas que no podemos prevenir, aunque hasta eso se terminó, porque ahora ya tenemos ISO 9000. Estamos mejor calificados y no podemos improvisar. Aunque yo todavía lo hago en muchas cosas de mi vida. El otro día, vi a una niña en la calle y me dieron ganas de darle unos regalos, solo porque sí.

¿Fue decisión suya venir a Centroamérica?

Sí. Yo quería trabajar con los pobres: me dieron la opción de trabajar en una parroquia, en un colegio o con los pobres. Yo elegí a los pobres porque son los únicos a los que yo puedo entender. Cuando ellos vienen y me dicen: “Padre, no tengo qué comer”, yo les respondo que sé cómo es eso, porque cuando mi padre murió, las monjas nos dieron becas. Eran $2 al año, $2 que mi mamá no tenía. Vino un grupo de hombres de la iglesia y ayudaron a mi mamá con becas, zapatos, útiles. Yo creo que todo esto me afectó en la vida, porque recibí, recibí, recibí. Tengo una deuda con la gente, y tengo que pagarla. Por eso me gusta dar becas. Eso sí, yo les digo a los muchachos que no hay nada gratis en esta vida, y que cuando ellos ya tengan trabajo deben ayudar a los pobres también. Cuando yo comenzaba, alguien me dijo que con los pobres sí se podía trabajar. Yo no podía comenzar con los ricos, no podía hablar con ellos. Yo soy muy orgulloso de mi pobreza, es una gran parte de mi vida y no la quiero olvidar. 

Pero ahora ya puede hablar con la gente rica, ¿verdad?

Sí, ahora sí ya puedo hablar con los ricos, tengo que hablar con ellos, ellos tienen toda la plata.


¿Y cómo son los ricos de este país?

 

Los ricos aquí en San Salvador han cambiado mucho, esa fue una de mis metas. Hay muchas maneras de cambiarlos. Yo me hice amigo de ellos, expliqué la pobreza del país y más bien les decía que podían tener todos los millones que quisieran, pero no iban a poder gozar de su dinero porque al no más salir a la calle los iban a matar. Yo les decía que tenían que cambiar la mentalidad porque había muchos que tenían poco, y pocos que tenían mucho. Yo me acerqué a ellos, yo soy muy amigo de los ricos hoy día. Yo comencé con Simán, aunque él ya era un buen cristiano, un hombre que tenía sus propios proyectos, y que trataba bien a sus empleados con dinero extra, con buenos salarios. Yo me senté por horas a hablar con don Filo, le expliqué que los empleados debían estar de su lado, para que lo protegieran. Después, me fui con los Kriete. Últimamente, me he metido con la azucarera de aquí, y están metidos en mis proyectos. Tomás Regalado Dueñas no tiene amigos aquí, nunca saluda, es un hombre callado, viene en su helicóptero y se va. Así que yo lo invité a la graduación de nuestro programa Supérate, y asistió. Era, entonces, un hombre que no me había dado ni cinco centavos, pero ese era mi plan, acercarme a estos señores. Después de la graduación, los niños empezaron a abrazar a don Roberto (Kriete), porque él es el que financia el programa. Y Regalado solo se le quedaba mirando, y mirando. De repente, me preguntó si no podíamos hacer un proyecto de esos en Sonsonate. Yo le dije que sí, pero que era costoso, y él me dijo que lo iba a pagar. Ahora, cuando él va allá, recibe el mismo tratamiento cariñoso de los niños.


Padre Flavian Mucci y Celina de Kriete, durante el 17 Banquete del Amor, de AGAPE, en la hacienda Los Miranda. 14/05/2014
FOTO Archivo LPG

¿Eran los ricos unos egoístas? 

 

Todos pensaban en los demás a su manera. Todos. Me di cuenta de que Simán daba las estufas y refrigeradoras a los sacerdotes. Yo empecé con las Aldeas Infantiles y pregunté cuánto me cobraría por las estufas, y sin conocerlo me dijo que nada. Pero los demás no tanto, no tienen un plan. Por ejemplo, la semana pasada, la secretaria de don Tomás Regalado habló y decía que él quería comenzar con las clínicas ahora.

¿Es imposible un país sin ricos y pobres? 

No, ese es un ideal bello. Lo importante es que siempre se pague bien. Hay un hotel aquí cuyos empleados trabajan 13 horas. El dueño posee otras cosas, y no sé cómo puede pagar menos que el salario mínimo. Y aunque fuera el salario mínimo, ¿cómo puede pagar eso? Es imposible vivir con él. La frase “salario mínimo” es prohibida en Ágape. Ninguno de mis trabajadores tiene ese salario, sería un insulto. Aquí damos un sueldo extra para todos, damos seis cajas de comida en el año, les damos todas las vacaciones, y cuando mueren tratamos de sufragar los gastos de la familia.

¿Si no hubiera pobreza, usted no estaría en El Salvador?

 

Siempre habrá pobreza, siempre se puede mejorar. La cuestión es de llevarlo a otro nivel, y subir al otro nivel, y así. Lo que damos aquí en Ágape son becas, también para nuestros empleados, para formación profesional en el extranjero.


¿Usted cree en el asistencialismo?

 

Nosotros no damos ayuda así no más, todo está estudiado porque no tenemos suficiente. Ahora, en caso de huracán, estamos ahí desde el primer día, estudiando qué casas son las que ya se cayeron. Recuerdo que para un terremoto pasamos por una champita recién levantada que estaba a la orilla de un paso a desnivel, y le preguntábamos a la familia si habían perdido su casa. Dijeron que no, que estaban ahí porque la gente llevaba la ayuda ahí. Eso siempre pasa, pero porque uno me esté engañando no quiero que muchos sufran. No hay duda de que hay gente que me engaña, yo lo percibo, pero no por eso voy a cambiar mi mentalidad, no voy a castigar a todos por unos pocos. Ellos ganan y yo pierdo, pero no sería la primera vez. Perdí muchas veces en mi vida, hay carreras que se ganan y otras que no.

¿Alguna vez le han dicho que usted hace el trabajo que debería hacer el Gobierno?

Sí. Hoy, la gente puede leer, la gente no necesita a la Iglesia en este tema tanto como antes. La gente necesitaba educación, salud, pero ahora no lo necesitan tanto porque ha habido proyectos en ese sentido. Hace dos semanas tuve una entrevista de una universidad y me preguntaba que cuál era el proyecto más importante de todos los que tenía. Yo le decía que dependía del momento en el que me preguntara, pero que ahorita los más importantes son la televisión, la radio y la revista, que se llama Rescatando las labores. La Palabra de Dios ha sufrido mucho. Hay un sacerdote que habla de política, el otro habla de esto, el otro de aquello. ¡La gente está confundida! Estamos perdiendo católicos a cada ratito porque necesitamos a alguien que nos mantenga en el camino recto y, para mí, eso es lo más importante. Yo tenía en un grupo a un muchacho de apenas 16 años que había matado a siete personas. ¡Siete! Él se acercó a mí y me dijo que tenía que salir, pero yo le pregunté por qué, si le estaba ayudando con becas. Él me dijo: “Soy un hombre muerto, no le conviene que yo esté con ustedes”. Me dijo que era miembro de mara, pero yo le insistí en que le iba ayudar, hasta que me dijo que había matado a siete personas, era un hombre muerto en cualquier parte. Le di la libertad que hiciera lo que quisiera, y salió. ¿Se puede tener una edad tan joven con una historia tan larga?

 Flavian Mucci y Maritza Mejdevelan la placa durante la inauguracin del canal 8 de televisión, el 06 de junio del 2001. Foto archivo LPG

Con respecto a sus medios de comunicación, usted una vez dijo que había que evangelizar, pero también ser entretenidos. Es complicado lograr ese balance, supongo. 

No es necesario que sea 100% religioso, pero sí es necesario que dé esperanza. Ahorita yo pienso que estamos volviendo a tener esperanza porque Mauricio (Funes) está haciendo tal cosa, o tal otra, pero hay mucha corrupción, y los periódicos tienen que saberlo y decirlo. Los periódicos tienen un papel importante porque lo que ustedes piensen hoy, lo vamos a pensar nosotros mañana. Ustedes van a transmitir ideas.

¿Cree que la violencia en el país es producto de los medios de comunicación, como dicen algunos funcionarios? 

 

No, no lo creo. Tampoco que la familia tenga la culpa. Decir que los medios tienen la culpa es nuestro escape, igual que decir que las familias no sirven. Hay muchas que son buenas y que tienen maras entre ellas; y hay muchas familias que son malas y tienen santos entre ellas. Pero no creo que la explicación esté en ese nivel. Creo que está mucho más abajo: es el satanismo, algo que nadie menciona pero que tiene mucho de la culpa. Mire cuántos jóvenes tienen tatuajes de Satanás, están comprometidos, son bastantes.

Aunque también se tatúan rostros de Jesucristo y vírgenes María. 

Sí, mire. Los políticos tienen mucho más la culpa que los periódicos. El periódico nos guía y creo que los políticos en este país son corruptos. Ellos ven lo que hay para ellos, y eso no solo pasa aquí.


¿Alguna vez algún político quiso aprovecharse de su imagen, padre?

 

Sí, un poquito. Yo trato de apartarme, no quiero deber nada a ninguno de ellos, trato de alejarme de los políticos.


¿Alguna vez alguien le propuso ser candidato? 

 

Tengo miedo de ser candidato, eso sí. Yo siempre dije que para serlo tenía que ser ciudadano primero, y yo no he recibido la ciudadanía salvadoreña sino hasta hace poco. Pero yo grité a todo mundo que no se preocupara, que no me iba a meter en la política. Yo no hablo de política, no hago comentarios. A mí no me gusta cuando ellos hablan por algo que haga Estados Unidos, aunque yo sé que Estados Unidos tienen mucha culpa de muchas cosas.

Con el TPS y el Plan Mérida, ¿Estados Unidos ayuda a la región porque quieren estar bien? 

Lo que creo que es que muchas veces Estados Unidos está ayudando para defenderse a sí mismo. Durante la guerra, Estados Unidos mandó $2 millones al día, ¡al día!, en una guerra que duró 12 años. ¿Necesitábamos $2 millones diarios? ¿Todo el dinero llegó donde debía llegar? ¿Los jefes militares no se hicieron ricos? 


Mari Carmen Aponte, exembajadora  de los Estados Unidos entrega reconocimiento al padre Flavian Mucci en julio de 2013. Foto archivo LPG

¿Cómo vivió la guerra usted aquí?

 

Horrible. Yo no estoy acostumbrado a las pistolas y todo eso. A mí me tomaron la iglesia cuatro veces, la catedral. Ahora, yo era joven, era gringo, era loco. Me metía con ellos en la iglesia, les preguntaba por qué hacían eso, y descubrí que no eran todos de la guerrilla. Lo hacían porque la guerrilla les pagaba ¢25 por hacerlo. Las líderes eran muchachas, fuertes, siempre son mejores que nosotros. Yo les ofrecí trabajo a cambio para que no lo hicieran, pero nunca quisieron de lo que yo les ofrecía.

¿Y tiene manera de medir la efectividad de sus proyectos?

 

Decir que graduamos a 100 jóvenes de 25 talleres no es un logro para mí. A veces tenemos 50 médicos haciendo nada o profesionales con maestría que están limpiando casas. Eso es un pecado, se han de sentir idiotas. Par mí, el logro es que, una vez graduado, estemos encima de él, hasta que logremos ubicarlo en un trabajo. Tenemos equipos que miden el éxito, aquí no hay zona de confort. Si veo que alguien se acomoda, le pongo algo encima, y le pago, claro. Así como trabaja, así recibe. 

¿Cuál es el pasaje bíblico de su predilección?

 

Me gustan las parábolas por su gran lección. Me gusta el hijo pródigo. El buen samaritano es quizás mi preferido, porque ayudó a la persona que no merecía la ayuda, y nos enseña a ayudar no importa qué ni cuándo. 


¿Y usted cree que se debe leer la Biblia en las escuelas no importa qué ni cuándo?

 

La Biblia es importante, es súper importante. Cristo nunca dijo que teníamos que leer la Biblia, no es una orden divina, pero es importante. Pero la Biblia también ha causado mucho, mucho problema. Cada vez que se abre una iglesia nueva de cualquier denominación, la Biblia tiene la culpa. ¿Por qué? Leemos la misma cosa pero usted interpreta en una forma y yo en otra. Entonces yo puedo abrir otra iglesia diciendo que la Biblia quiere decir tal cosa. Y en El Salvador ya hay 500 iglesias. Creo que podríamos escoger, en este año, los libros de la Biblia que son sencillos porque tenemos tantas ideas distintas, y todas salen de la Biblia, y cada quien va a defender su religión con sus ideas. Nosotros no creemos en la libre interpretación de la Biblia, la misma Biblia no habla de la interpretación privada de la Biblia. Entonces, leer siete minutos la Biblia todos los días no creo que sirva de mucho. Este problema va a durar para toda la vida. 

Ese es error también de la Iglesia Católica, ¿no cree?

 

De acuerdo, algo está fallando. Creo que hemos fallado porque antes este país era 99.9% católico y ahora no es ni la mitad. Creo que hemos fallado bastante. Es exagerado. Pero también es cierto que la Iglesia Católica es atacada porque es la primera. Hay un artículo que reseña que el porcentaje de sacerdotes abusadores, tanto a niños como a mujeres, es mayor en la iglesia protestante que en la Católica. El asunto es que cuando es la Iglesia Católica, los medios lo magnifican, y en los otros casos no dicen ni una palabra.

¿Por qué hay violencia?

 

¿Usted quiere la paz? ¿Qué es la paz? Una vez que tenemos la definición nos damos cuenta de que estamos totalmente en contra de lo que queremos. Unos definen la paz como la falta de guerra. Bueno, sí, pero ¿qué es la paz? San Agustín nos dio una definición de paz hace muchos años, y creo que los filósofos todavía lo ocupamos: la paz es la tranquilidad del orden. El orden es que cada cosa se use para lo que fue creado. Si la calle fue hecha para los carros y no para las ventas ambulantes o para manifestaciones, quiere decir que ahí hay desorden. 


¿Cree que hay crisis en la Iglesia Católica? 

 

Siempre ha estado en problemas. Es la señal de que Dios nos protege. Con tantos sacerdotes que se salen de sus votos y ver que la Iglesia sigue por años, es la protección que Dios prometió. Pero los problemas son comprensibles, estamos en todas partes y en todas partes se piensa distinto. Por ejemplo, en algo tan básico como decidir quién entra y quién no al seminario. En algunos lados hasta se dice que no se debe aceptar jóvenes que han tenido relaciones sexuales con mujeres porque eso es tener malos pensamientos. Pero, ¿quién no tiene malos pensamientos? Los italianos piensan que solo pueden aceptar a los que nunca pecaron. En ese caso, yo tendría que salir. 

¿Ve disminución en la vocación sacerdotal?

 

Aquí en Centroamérica, no. Hace años dije que El Salvador y otros países de la región mandarían misioneros a Estados Unidos, y cabal. Pero igual, sé que sigue siendo difícil ordenarse. Aunque no tanto como casarse. 

Parece que tiene experiencia en conflictos matrimoniales. 

 

Sí, montón. Primero nunca están preparados para resolver problemas, solo saben hacer el acto sexual, y aun la mayor parte de los hombres ni eso saben y piensan que la mujer es una chucha. Mis cuatro hermanos, además, tuvieron problemas en sus matrimonios, y los cuatro habían sido primeros en su clase. El alcohol destruye mucho. Y, además, el matrimonio no es “tan, tan”. No puedes hacer nada, la mujer quiere saber dónde estás. No me arrepiento de mi decisión. Estoy feliz ahora que estoy viejito, porque antes me costó. 

¿Sí?

 

Claro. Yo estaba estudiando, no había señoritas, y para salir a la calle eran como 100 manzanas. El sexo es quizás la cosa más atractiva que tenemos. Dios sabía lo que hacía.


¿Cómo se imagina a Dios?

 

Yo cambié mi idea de Dios varias veces. Porque usted sirve a lo que ama, y solo ama a lo que conoce. Si usted tiene la misma idea de Dios de cuando hizo la primera comunión, usted está perdido. Tiene que seguir conociendo a Dios, igual que como usted tiene que conocer a su esposa todos los días. Cuando usted cree que conoce todo de su mujer ya no la servirá igual. Ahora veo a Dios como mi mejor amigo, que me protegerá de cualquier necesidad, con el que puedo hablar como yo quiero. Si me siento mal, puedo decirle que me siento así, que parece que Él me fregó, no entiendo por qué. 

¿Y físicamente?

 

Soy más guapo que él.

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