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El Triunfo de los Rebeldes y la caída de Kabul pone un fin a la era de intromisión estadounidense en Afganistán


The New York Times: La caída de Kabul pone un abrupto fin a la era estadounidense en Afganistán

Combatientes talibanes inundaron Kabul este domingo en escenas de pánico y caos que supusieron un veloz e impactante fin al gobierno afgano y a dos décadas de Estados Unidos en el país, apunta The New York Times.

El presidente de Afganistán Ashraf Ghani abandonó el país. Mientras un consejo de funcionarios afganos, entre ellos el expresidente Hamid Karzai, indicaron que empezarían a negociar con los talibanes para formular la toma de control de la insurgencia. Hacia el final del día, lo único que quedaba por hacer era formalizar el control de los combatientes en todo el país.La velocidad y la violencia de la victoria de los talibanes por todo el campo y las ciudades en la semana previa encontró desprevenidos al ejército estadounidense y al gobierno. Con vuelos de helicópteros militares estadounidenses organizados apresuradamente se evacuó el extenso complejo de la embajada de Estados Unidos en Kabul; transportando a diplomáticos estadounidenses y trabajadores de la embajada al aeropuerto militar de Kabul. En el aeropuerto civil de al costado, los afganos lloraban; mientras suplicaban a los trabajadores de las aerolíneas que enviaran a sus familias a los vuelos comerciales salientes. Incluso cuando la mayoría de ellos permanecía en la pista para dar prioridad a los aviones militares.

El esfuerzo frenético de evacuación se desarrolló entre ráfagas ocasionales de tiroteos; el golpeteo de los helicópteros Chinook y Black Hawk estadounidenses en el aire ahogaba el tamborileo del tráfico. Abajo, las calles de Kabul estaban atoradas de vehículos en tanto el pánico había gatillado una carrera para abandonar la ciudad.

Dos décadas después de la invasión de Afganistán por parte de tropas estadounidenses en busca de terroristas de Al-Qaeda que atacaron el 11 de septiembre de 2001, el experimento estadounidense de consolidación nacional quedaba en ruinas, socavado por políticas equivocadas y a menudo contradictorias y por una insurgencia implacable cuyo poder de permanencia había sido profundamente subestimado por los planificadores militares estadounidenses.

Más de 2400 tropas estadounidenses dieron la vida y miles más fueron heridos en un esfuerzo por construir un gobierno afgano democrático. Decenas de miles de civiles murieron en la lucha y miles más quedaron desplazados de sus hogares. Solo en los últimos días mientras los talibanes avanzaban por el interior del país con vertiginosa rapidez, miles abandonaron Kabul.

El número de víctimas de la guerra recayó considerablemente en las fuerzas armadas afganas en los últimos años. Pero ninguna cantidad de entrenamiento y material estadounidense, a un costo de 83.000 millones de dólares, fue suficiente. Con el objeto de crear una fuerza de seguridad dispuesta a luchar y morir por una nación sitiada que las fuerzas estadounidenses estaban dejando atrás. Las declaraciones públicas de, primero, el presidente Donald J. Trump y luego el presidente Joe Biden pidiendo una retirada rápida y total de las tropas hicieron que la moral cayera en picada por todo Afganistán.

En Washington, la velocidad del derrumbe tomó por sorpresa a la gestión de Biden, según funcionarios. Lo cual dejó la comprensión de que Biden pasará a la historia como el mandatario que presidió el último acto humillante en un largo y atribulado capítulo estadounidense en Afganistán.

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